La amabilidad como fortaleza emocional
La amabilidad, más que un gesto social, es una herramienta psicológica profunda que influye directamente en nuestro bienestar emocional y en cómo nos relacionamos con los demás. Para la psicóloga Silvia Sanz, experta en psicología y sexología con amplia experiencia clínica, la amabilidad como fortaleza emocional implica mucho más que ser cortés: se trata de una elección consciente que nace de la seguridad interna y de una capacidad desarrollada para responder al entorno con empatía y autocontrol.
Qué significa ser amable desde la psicología
En términos psicológicos, la amabilidad no es un intercambio material ni un acto motivado por expectativas de recompensa. Se define como una conducta intencional de apoyo o consideración hacia otra persona, libre de la necesidad de evitar castigos o ganar aprobación. Silvia explica que muchas veces se confunde la amabilidad con sumisión, cuando en realidad es todo lo contrario: requiere fortaleza interna para elegir cómo responder, en lugar de reaccionar por miedo o impulsividad.
Según Silvia, la verdadera amabilidad es un acto de poder tranquilo — es decir, una firmeza que integra respeto, claridad y autocontrol, incluso en situaciones donde sería más fácil optar por la agresión o el distanciamiento.
Los beneficios de practicar la amabilidad
La ciencia psicológica ha demostrado que practicar la amabilidad tiene múltiples beneficios para la salud mental y emocional. Entre ellos:
- Mejora el estado de ánimo y promueve sentimientos de calma y bienestar.
- Reduce el estrés al disminuir hormonas como el cortisol.
- Refuerza la autoestima, al generar experiencias internas positivas.
- Incrementa la empatía y la compasión, fortaleciendo vínculos sociales.
Silvia insiste en que estos beneficios no son solo inmediatos, sino acumulativos: recibir y practicar actos de bondad activa circuitos cerebrales asociados al bienestar.
Efecto contagio de la amabilidad
Otro aspecto que Silvia destaca es el llamado “efecto dominó” de la amabilidad. Cuando una persona recibe un gesto amable —aunque sea un simple gesto o palabra considerada— es más probable que responda con amabilidad hacia otros. Esto no solo crea un ambiente social más positivo, sino que también contribuye a una percepción más saludable de uno mismo y del entorno.
Cómo desarrollar la amabilidad en la vida cotidiana
Silvia enfatiza que la amabilidad no es un rasgo fijo de personalidad, sino una habilidad que se entrena. Algunas estrategias que propone incluyen:
- Practicar actos deliberados de bondad, como ofrecer una sonrisa o una palabra positiva.
- Mostrar empatía en interacciones diarias con familiares, colegas y desconocidos.
- Realizar “experimentos de amabilidad”, dedicando un día a gestos intencionales para fortalecer este hábito.
Entrenar esta habilidad permite que la amabilidad se vuelva más natural con el tiempo, generando mejoras no solo en las relaciones con otros, sino también en la forma en que nos percibimos y enfrentamos situaciones emocionales.
Una mirada psicológica integral
Para Silvia, la amabilidad como fortaleza emocional representa una forma de estar en el mundo que favorece la salud mental, las relaciones interpersonales y la resiliencia. Desde una perspectiva psicológica y clínica, la amabilidad no es un rasgo dulce y superficial, sino una práctica consciente que se traduce en mayor bienestar, mejores vínculos y una capacidad ampliada para afrontar desafíos emocionales con equilibrio y empatía.
Articulo de eldiario: Descubre cómo la amabilidad como fortaleza emocional impulsa bienestar y relaciones saludables, según la psicóloga Silvia Sanz.
Autor: Marta Chavarrías

