Amnesia postcoital transitoria

Amnesia Postcoital

Como curiosidad ¿CÓMO REPONERSE A LOS DESAFIOS DEL CEREBRO?

 

Olvidar las llaves, las citas del médico e incluso ponerse la mascarilla en algunas ocasiones es comprensible. Pero padecer amnesia postcoital… es algo desconcertante, ¿cómo se puede borrar de la memoria algo tan grato como es el placer?, ¿os ha sucedido alguna vez?

 

La amnesia postcoital es un fenómeno extraño que provoca una especie de “apagón” u olvido cuando se alcanza el orgasmo, que los franceses denominan la “petit mort”. Este trastorno es bastante inusual. En las mujeres, lo más frecuente al terminar suele ser la necesidad de cariño o mimos para potenciar esa conexión afectiva que se genera mediante la oxitocina liberada tras el orgasmo. Sin embargo, en los hombres provoca somnolencia, satisfacción y relajación debido a la gran cantidad de prolactina segregada.

 

Pero en algunas ocasiones excepcionales sucede una pérdida de memoria postcoital, llamado amnesia global transitoria. Durante unos instantes se vive un estado de confusión debido a la bajada de oxígeno en la sangre a consecuencia de las alteraciones de la presión sanguínea durante el acto sexual. La causa es debida a una alteración en los circuitos de la memoria del cerebro, provocado por el orgasmo u otro estimulo físico o emocional. Y en este lapso de tiempo, la persona es incapaz de recordar los hechos más recientes.

 

Las reacciones antes esta fugaz pérdida de memoria son variadas. Pueden provocar huida en la persona que “olvida” y, por tanto, reaccionar apresuradamente y vestirse buscando excusas para irse, causando en la pareja frustración por sentirse abandonado/a, y a menudo, entremezclado con un sentimiento insólito que a veces genera entre vacío y satisfacción. Se trata según Hipócrates del “post coitum tristitia”.

 

Si tu amante no da señales de vida en las siguientes 48 horas después del coito, puede que sufra amnesia postcoital. Si es el caso, quizás en la despedida ya percibieras frialdad, como muestra de que el sexo no conectó con su corazón. Tal y como decía la antropóloga Helen Fisher para describir el amor: la lujuria, te lleva a conectar; la atracción, permite que surja el amor romántico; y el apego, lo hace madurar. Pero si se olvida el primer paso de conexión, difícilmente se puede avanzar.

 

Una pequeña estrategia que puedes realizar para evitar estos encuentros tan desafortunados, es dejar pasar un tiempo antes de la primera relación sexual. Ya que una investigación de la Universidad Brigham Young (EEUU) concluyó que las parejas que esperaron al menos dos o tres semanas antes de tener relaciones sexuales tuvieron altos niveles de satisfacción y estabilidad un año después de su primera vez juntos. Conocer más al otro antes de involucrarse sexualmente es un excelente predictor de la conducta. Como indagar sobre su historia o saber cómo se ha desenvuelto en otros vínculos afectivos   es un buen indicador de su comportamiento en situaciones similares. Por el contrario, el sexo ocasional, provoca la escapada por la “petit mort” o por otros motivos. Hay que estar preparados/as para cualquier caso de amnesia, para que después no te atormenten los remordimientos. Otra opción es iniciar el encuentro sexual solo con una premisa: dejarte llevar por el placer… y un preservativo.

 

De todo se aprende y de ser víctima de la amnesia también. En el amor, el recuerdo y el olvido son fundamentales, pero hay que decidir bien qué vivencia guardamos en cualquiera de ellas. Lo que sí es importante es no olvidar que una buena pareja se demuestra con hechos en el cuidado, atención y respeto de la relación.  El resto, más vale que lo “olvides” si lo sufres. Seguramente en el próximo encuentro pondrás reglas claras que no te lleven a caer en la victimización. Y abrir los ojos antes de elegir a una pareja para poder evitar el sufrimiento o la pena por la desilusión.

 

¿CUÁNDO IR A TERAPIA?

 

Cuando surgen las primeras dificultades algunas personas creen que el amor ha muerto o que se han equivocado de pareja, y quizás sólo son falta de recursos para conectar de nuevo y pactar acuerdos reconciliadores. Ya que ninguna pareja por sí misma es feliz o problemática. Algunas son más afines y otras no tanto. Ni los caracteres opuestos se atraen, ni hay que buscar el alma gemela. Pero si hay que aprender habilidades que te permitan aceptar y adaptar aquellas características de la persona que amas que no coinciden con las tuyas.

 

La mayoría de parejas que acuden a terapia vienen por problemas de comunicación o sexo. Cada miembro habla un idioma diferente y no parecen comprenderse. Y tengo que decirte que, en muchas ocasiones, he escuchado durante la primera sesión que realizar la terapia es el último cartucho para recuperar la relación. También, en muchas otras, se ha logrado solucionar aquello que provocaba sufrimiento aprendiendo sencillas herramientas, incluso con una pizca de empatía y entendimiento sobre lo que sucede en cada uno de nosotros y hacia la persona que amamos.

 

Lo que está claro es que nadie es perfecto. Tú no lo eres y tu pareja tampoco. Y menos mal, porque en la perfección no se encuentra la felicidad. La clave de una pareja feliz está justamente en todo lo contrario: en la aceptación del otro con todas sus imperfecciones, con su cara A y B. Es cierto, que hay momentos en la vida donde nos sentimos bloqueados, sin herramientas o sin capacidad de llegar a la persona que amamos o no sabemos ni lo que sentimos por alguien con el que se ha compartido parte de la vida. Lo que sí está claro, es que para cada problema existe una solución. Y en terapia se descubren. Se aprende a ver otro ángulo de la relación, otra forma no explorada de solventar lo que nos sucede, con claves específicas para resolver los conflictos interpersonales, bloqueos íntimos y herramientas para comunicarnos mejor o tener una sexualidad más plena. Es aprender otra forma de conectar contigo mismo/a y con el otro. Es un espacio para encontrarte a ti mismo/a junto a un profesional que te puede ayudar a que te ayudes, a resolver dudas, aclararte y encontrar soluciones concretas.

 

Un psicólogo/a o sexólogo/a te puede dar claves que te pueden ayudar de un modo más específico.

 

¡Estas más cerca de tener una vida sexual y de pareja plena!

Silvia Sanz, Psicoterapeuta, terapeuta sexual y de pareja.

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